dilluns, 23 de febrer de 2015

DFW I LES NOVES MANERES DE NARRAR...

"Sin embargo, la generación americana nacida, digamos, después de 1955 es la primera para la cual la televisión es algo con lo que se vive, no algo que simplemente se mira. Nuestros padres contemplan el televisor más o menos como las chicas modernas de los años veinte veían el automóvil: como una curiosidad convertida en capricho convertido en seducción. Para nosotros, sus hijos, la tele forma parte de la realidad en la misma medida que los Toyota y los atascos de tráfico. Somos literalmente incapaces de "imaginarnos" la vida sin ella. Igual que la tele presenta y define gran parte del mundo desarrollado de hoy día, también lo hace con nuestra experiencia cotidiana. Pero nosotros, a diferencia de nuestros mayores, no tenemos recuerdos de un mundo donde no existía esa definición electrónica. Es algo que nos viene de fábrica..."

"Porque no es que la televisión y la publicidad o los espectáculos populares hayan dejado de ser casi todos arte malo o arte de baja estrofa, sino que simplemente se han impuesto a las psiques de nuestra generación durante tanto tiempo y con tanto poder que han empezado a tener relaciones complejas con nuestras ideas mismas del mundo y de nosotros mismos. Simplemente no podemos "identificarnos" con ese asco distanciado que siente el esteta de más edad hacia el espectáculo de masas y los gustos populares: puede que el asco sea el mismo, pero la distancia no.
   Y, de la misma manera en que el pop da forma a los modos que tiene nuestra generación de experimentar y leer el mundo, de la misma manera afectará de forma natural nuestros valores y expectativas artísticas. Puede que los jóvenes narradores nos pasemos horas sentados a la mesa todos los días, trabajando; pero también formamos parte, día sí y día también, del Gran Público. Estamos condicionados de la misma forma. Sentimos una predilección innata por el estímulo visual, por el movimiento en color, por la variedad frenética, por el ritmo que se puede bailar. Es posible que en virtud de la atrofía y la hipertrofía, nuestras capacidades mentales hayan cambiado: que haya crecido la amplitud de nuestras atenciones mientras que su duración se ha ido acortando. Criados con una actividad que era por lo menos parcialmente pasiva, experimentamos cierto grado de manipulación como algo neutral, inevitable. Sin embargo, debido a que somos hábilmente cortejados no solo en busca de nuestra lealtad, sino también de nuestra misma atención, hemos aprendido a adjudicarle a esa atención la naturaleza de artículo de consumo, a considerarla algo investido de poder; las elecciones que llevamos a cabo para otorgarla o bien para negarla revisten un gran peso para nosotros..."

"¿Hipérbole? Es importante recordar que la mayor parte de lo que dan por televisión no es solo entretenimiento: también son relatos. Y es tan cierto que resulta trillado decir que los seres humanos somos animales narrativos: toda cultura se acepta a ella misma en tanto que cultura por medio de una historia, ya sea mitopoética o político-económica; toda persona completa entiende la época en que le ha tocado vivir como una serie organizada y narrable de acontecimientos y cambios que, por lo menos, tienen un inicio y una parte intermedia. Necesitamos relatos de la misma forma en que necesitamos el espacio-tiempo; es algo que nos viene de fábrica..."
Fragments de l'artícle "Futuros narrativos y los autores notoriamente jóvenes" de David Foster Wallace; on tot i ser escrit el 1988, ja copsava brillament la manera de mirar la televisió i com la televisió ens explica a nosaltres mateixos i ens entreté mostrant-nos el món mateix...
Crec que, ara, d'aquest artícle, podríem cambiar la paraula "televisió" per "internet" i, conceptualment  i narrativament, segueix funcionant...























Pàgina del "Ulisses" de James Joyce, subratllada per David Foster Wallace.


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