dimecres, 22 d’octubre de 2014

MICHAEL JACKSON

Així va començar tot...
La primera vegada que la va cantar en públic:

















"... está de vuelta por un día en el viejo edificio de la Motown, durante el proceso de mezclas de un vídeo, cuando de pronto aparece Berry Gordy y le pide que participe en el especial del veinticinco aniversario en la NBC. Michael pone reparos. Para él es un momento claustrofóbico. Todo ese negocio, sus hermanos, la Motown, los Jackson 5, el pasado: es un capullo en cuyo interior se ha estado retorciendo hasta que finalmente lo ha roto a mordiscos para salir de él. Sabe que "Billie Jean" ha estallado; él se está convirtiendo en algo diferente. Pero el animal en su interior que es su ambición percibe la oportunidad. Hace su legendario pacto con Gordy: cantará con sus hermanos si se le permite hacer también una actuación en solitario incluyendo sus hits post-Motown. Gordy acepta.
   Lo que Michael hace con su momento, dado el contexto, dado que sus hermanos acaban de abandonar el escenario y que el escenario pertenece al señor Berry Gordy es escandaloso. En los ahora ya totémicos vídeos de la actuación colgados en YouTube, casi siempre el preámbulo de Michael está cortado (...)
   Michael está sudoroso y se pavonea. "Gracias... Oh, sois estupendos... Gracias", dice casi arrastrando las palabras con sensualidad. Se nota que ha superado todos los nervios con las canciones de los Jackson 5. Ahora domina es espacio escénico como si fuese el interior de su jaula. Millones de ojos lo observan.
   -Tengo que decir que esa fue una buena época -comenta paseándose por el escenario-. Adoro esas canciones, esos fueron momentos mágicos, con todos mis hermanos, incluido Jermaine. (...) Eran buenas canciones -continúa Michael-. Me encantan esas canciones, pero las que me gustan especialmente -su voz se desvanece ante el micrófono durante un segundo, incrementando la expectación hasta que los medidores casi revientan- son las nuevas canciones.
   Chillidos incontrolables. Él agarra el soporte del micrófono como solía hacerlo James Brown, como si tuviese un cuello que estuviera estrangulando. La gente grita en sus butacas:
-¡"Billie Jean"! ¡"Billie Jean"!
  No ensombreceré la excepcionalidad de lo que hace a continuación excepto para mencionar un aspecto potencialmente triste (porque es muy evidente): que lo hace completamente solo. El escenario está extremadamente vacío. Las siluetas de los miembros de la orquesta aplauden en la oscuridad. Pero a menos que contemos el guante resplandeciente -concebido, según una fuente, para ocultar el creciente vitíligo que le decora la mano izquierda- Michael sostiene un único elemento de atrezzo: un sombrero negro. Lo lanza lejos casi de inmediato. Escenario, bailarín, foco. El micrófono ni siquiera está encendido. Lo arranca del soporte como si se lo quitase de las manos a un incordiante niño.
   Con los artilugios de un mimo, procede a llevar a cabo la que probablemente sea la cosa más cautivadora que se haya grabado haciendo a una persona sobre el escenario. Richard Pryor, que no es, según los testimonios que he leído, precisamente un lameculos, al acabar el espectáculo se acerca a Michael y simplemente le dice: "Ha sido la mejor actuación que he visto en mi vida. Fred Astaire se refiere a él como "el mejor bailarín nato vivo"..."
De l'artícle "Michael", de John Jeremiah Sullivan.
(Inclòs al seu recull de cròniques "Pulphead")


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