dimecres, 13 de novembre de 2013

J. G. BALLARD
















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De la introducció de Pablo Cappana:
"...su catastrofe privada le había sobrevenido con la repentina muerte de su esposa, que lo dejó al cuidado de sus tres hijos cuando apenas estaba en los comienzos de sus carrera. Ballard se las arregló para sobrevivir sin pedir ayuda y logró desarrollar toda su creatividad haciendo de madre, padre y escritor a la vez. El hombre que llevaba a los chicos a la escuela con el uniforme bien planchado era el mismo que después se sentaba a escribir Crash..."


















J. G. Ballard:
"Esa es una de las razones por las cuales sigo trabajando duro. Además, no hay nada mejor que hacer. Frente a un universo sin sentido, uno solo puede desquitarse resaltando al menos una pequeña porción de él de acuerdo a nuestra propia imagen y semejanza."

"Estoy seguro que es el porvenir. Todo el mundo será capaz de hacerlo, todo el mundo vivirá adentro de un estudio de televisión. Eso es a lo que aspira el ámbito doméstico en estos días: la casa va a transformarse en un estudio de televisión. Todos vamos a ser protagonistas de nuestras propias series, y serán series muy extrañas, como el interior de nuestras cabezas. Esto es lo que va a ocurrir, estoy completamente seguro, y va a revolucionarlo todo."
(1982)

"Es el impacto de la novedad, que es el impacto de un descubrimiento. No obstante, creo que si uno aspira a hacer algo verdaderamente original, tiene que ir siempre más allá, tiene que entrar en juego la propia imaginación en un cierto nivel, para comenzar a reconstruir y moldear el material."

"A los cuarenta, se empieza a sentir esa necesidad de remitologizarse a uno mismo para volver a cargar todas las bases imaginativas de la vida y los meridianos propios. Antes el estímulo provenía del sexo: uno podía, al menos, fugarse con su secretaria. O podía fugarse con la esposa de su mejor amigo, e irse a vivir a Nueva Zelanda, o donde fuera. Ahora eso ya no puede ocurrir, porque uno ya se escapó con la secretaria a los veintiséis años, y su esposa lo perdonó en diez minutos. Entonces, ¿qué te queda por hacer? Ciertamente, es muy difícil, a mi edad, recargar la propia vida..."






















"...O cuando el tiempo se detiene: estás mirando a tu reloj y nada sucede, la segunda aguja está inmóvil, y entonces, de pronto entiendes que se ha movido y que la estuviste mirando durante cerca de diez minutos..."

"Creo que es ahí donde la ficción moderna, la pintura moderna, la música, el cine y similares, se vuelven más interesantes, y donde se diferencian del pasado. Me refiero a que un novelista del siglo XIX no habría visto con buenos ojos el hecho de dejarse invadir por sus propios caprichos y obsesiones particulares en la composición de su tema ficcional. Por el contrario, el escritor contemporáneo está obligado a hacerlo, ya que eso es, después de todo, la razón de ser de su escritura. Y esa es su única clave: sus propias obsesiones y la inclinación particular de su propia naturaleza, aquello que le permite desbloquear el universo y descifrar todos los códigos que nos rodean."

"Hubo un cambio importante en la forma en que los medios comenzaron a modelar la realidad, un choque entre la imaginación personal y el mundo de los medios que emergía desde todas partes, y creo que este choque entre lo público y lo privado le dio un carácter especial a los sesenta..."























"Mi esposa solía decirme: "¿Qué significan todas esas mujeres extrañas que hay en tus historias?" Tuvimos un matrimonio feliz, con las tensiones y las sobrecargas habituales de una pareja con hijos y con poco dinero, nada fuera de lo normal. Y además estábamos muy unidos. Y sin embargo, yo me inventaba todas esas mujeres raras..."




** "Para una autopsia de la vida cotidiana. Conversaciones."
       J. G. Ballard.
       Caja Negra ed.


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