dissabte, 12 d’octubre de 2013

FRAGMENT

"Una actitud hacia la modernidad.
(...) se había deleitado en en su mirada agresiva y posrealista, en su insistencia avant-pop en que la abrumadora incoherencia de la cultura moderna era pura diversión para el cerebro.
(...) Y ahora veía mucho más claras las razones por las que todo el mundo estaba tan enganchado. No se trataba de que la televisión como medio nos hubiera hecho adictos, por muy poderosa que esta fuera. Se trataba de algo mucho más peligroso, de una actitud ante la vida que la televisión había aprendido de la literatura, en especial de la narrativa posmoderna, y que había reafirmado después entre sus espectadores. Esa actitud era la ironía. La ironía, tal como la entendía Wallace, no era algo malo en sí mismo. De hecho, la ironía era el posicionamiento tradicional del débil ante el fuerte; insinuar aquello que resulta demasiado peligroso decir es un recurso cargado de potencia. Wallace consideraba que los ironistas originarios de la literatura posmoderna -escritores como Pynchon y en ocasiones Barth- habían pronunciado verdades importantes que solo era posible mencionar de soslayo. Pero cuando se hacía de ella un hábito, la ironía se tornaba peligrosa.
(...) La ironía debe usarse solo en casos de emergencia..."
Todas las historias de amor son historias de fantasmas. D. T. Max.
(pàg 216 i 217)


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